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«Los pasos perdidos de Dios», de José Antonio Arcila

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En «Los pasos perdidos de Dios», de José Antonio Arcila,  el autor logra capturar de inmediato la atención con una transición clásica pero efectiva entre la vida y la muerte. El contraste entre la calidez del otoño y la frialdad del colapso físico está muy bien logrado. La premisa de las «colas» divididas por religiones añade un toque de sátira burocrática (estilo Kafka) que moderniza la idea del Juicio Final.

Arcila utiliza muy bien los olores (el tomillo y el romero) como anclaje emocional y geográfico. Esto le da una textura realista a un escenario que, de otro modo, sería puramente abstracto. El ritmo es ágil. No se detiene demasiado en la agonía, sino que salta rápidamente a la «acción» del más allá, lo cual mantiene el interés del lector. El protagonista se siente humano y cercano. Su escepticismo previo (el conflicto entre su educación jesuita y su visión darwinista) le da profundidad, ya que no es un «creyente esperando su premio», sino un hombre racional enfrentado a una realidad que lo desborda.

El detalle de la cola vacía en la puerta de los «Ateos» y el hombre solitario en la de «Agnósticos» es brillante. Es un comentario social sutil sobre las certezas humanas frente a lo desconocido. La imagen del ángel pelirrojo con un teclado insertado en su ala y una cámara en el techo es una mezcla genial de iconografía religiosa clásica y burocracia tecnológica moderna. Rompe con la solemnidad esperada y genera una intriga necesaria.

Se trata de  una historia que mezcla la reflexión teológica con la narrativa de suspense. Arcila plantea una pregunta interesante: ¿Qué pasa cuando mueres y descubres que el sistema es exactamente lo que rechazaste, pero con un giro administrativo inesperado? Es un texto que, desde su inicio, invita a seguir leyendo para descubrir quién es el juez y bajo qué leyes se juzgará a un escéptico.

Es una novela que interesará tanto a  lectores de narrativa contemporánea que buscan algo más que entretenimiento, como a fans del realismo mágico o la sátira social, y al público interesado en la teología y la filosofía, pero desde una perspectiva laica o escéptica. Arcila, en definitiva, nos ofrece en esta novela una apuesta arriesgada pero fascinante.

 

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