Inicio Reseñas y crítica «Las madres selvas», de Leonardo David Segado

«Las madres selvas», de Leonardo David Segado

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«Las madres selvas», de Leonardo David Segado, se presenta como una obra de madurez (el autor se identifica como un «implicado sexagenario») que transita entre la confesión existencialista y la estampa cotidiana teñida de escepticismo.

El libro funciona como un inventario de fragmentos vitales. No busca una unidad narrativa, sino que se dispersa en «trece y trece» poemas que actúan como fogonazos de memoria. Los temas centrales son el paso del tiempo («ya muere algo a los sesenta»), la futilidad de las convenciones sociales y familiares (la «oración coral de mangoneo») y una búsqueda espiritual que oscila entre la probabilidad de Dios y el refugio en los placeres mundanos: el gin-tonic, los huevos fritos, la siesta y la lectura.

Segado maneja un lenguaje híbrido. Por un lado, utiliza un léxico elevado y barroco («sahumerio», «ofidio», «exangües», «alcorque»), lo que otorga a los poemas una textura densa y clásica. Por otro lado, rompe esa solemnidad con expresiones coloquiales o incluso vulgares («un búho hijo de puta», «siesta del quince», «cuaderno amojamado»). Esta mezcla genera un efecto de honestidad brutal: el poeta no quiere ser solo un esteta; quiere ser un hombre que fuma «caladas de tigre» mientras observa la ridiculez del mundo.

Hay un tono predominante de desengaño lúcido. El autor se sitúa en la periferia («Yo no hice caso a ningún curso de circo») y observa con desdén la «tramoya» de la sociedad y a los «comediantes» de su entorno. Existe una reivindicación del aislamiento (el niño que no quiere ponerse al teléfono, el hombre que marca sus dominios a trancas y barrancas). Sin embargo, no es un libro amargo. Hay una aceptación de la derrota que se vuelve victoriosa a través de la escritura: «El libro es el rastro… cenizas comienzo papel bolígrafo».

La capacidad para crear imágenes potentes y sensoriales («seco limón el aire», «arena amarilla del estero») logra que lo doméstico (un radiador, una mesa camilla) adquiera una dimensión metafísica. En algunos pasajes, la fragmentación y la acumulación de adjetivos pueden dificultar la lectura fluida, exigiendo al lector un esfuerzo constante para no perder el hilo emocional entre tantas metáforas.

«Las madres selvas» es una obra de resistencia poética. Es el diario de un hombre que, llegado a la frontera de los sesenta años, decide «deshacer su propio sinsentido» y quedarse con lo esencial: el amor, la soledad elegida y la palabra como única forma de «exprimir el aire». Es una lectura recomendada para quienes buscan una poesía que no sea complaciente, sino que huela a «tierra mojada» y a humo de cigarrillo en una tarde de marzo.

 

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