Entrevista a Yoanna Mojón
Del grito al susurro: la poesía como tabla de salvación
En «Eterno color de otoño» (Ediciones Rilke, 2025), Yoanna Mojón hace de la escritura una manera de atravesar el dolor sin quedarse en él. Ella misma describe ese trabajo como una alquimia que recorre tres momentos —el grito, el eco y el susurro—, un viaje que va de la herida a la belleza. Sobre ese camino, y sobre la poesía entendida como tabla de salvación, conversamos con ella.
- Dices que escribir poesía, en tu caso, no es una elección sino algo «inherente a tu existencia». ¿Recuerdas el momento en que descubriste que la poesía iba a ser eso para ti, y no un pasatiempo?
R: Recuerdo exactamente el momento en que lo descubrí, sin saber lo que estaba descubriendo. Ese año había comenzado el instituto. Al salir de casa por las mañanas, al final del parking había una mujer vendiendo pañuelos en el semáforo. Yo sentía algo muy raro al ver esa imagen. No lo sabía, pero estaba viendo un poema. Primero la percepción, luego la poesía. El mundo para mí está hecho de poemas.
- Hablas de sentir «de una manera intensa plus», sin tecla de suprimir. ¿Cómo es vivir con esa intensidad, y en qué cambia cuando esa emoción encuentra su sitio en un verso?
R:Vivir sintiendo de una manera tan intensa es muchas veces vivir al límite, a punto de que las emociones te hagan estallar. Cuando ubico esa emoción o esas emociones en versos encuentro la calma “la calma que tanto anhelé” “ahora con frecuencia la calma me ocurre”. Entre sentir y escribir hay un algo que sana.
- Describes el grito como un dardo que se clava, una mano pétrea que aplasta el pecho, un grito «mudo e invertido», hacia dentro. ¿Qué papel juega el cuerpo en tu manera de sentir y de escribir el dolor?
R: La verdad es que físicamente sentir de forma tan intensa es casi inexplicable con palabras utilizando el lenguaje de forma corriente, pero puedo decir por ejemplo, que si el dolor es muy profundo me arrugo como un trapo de limpiar la mesa cuando se escurre, retorcido hasta el límite y más y creo que por eso el dolor y también otras emociones necesitan escribirse en forma de poesía.
- Cuentas que antes esos gritos te «fulminaban» y caías al suelo, y que has aprendido a no acurrucarte, incluso a disimular en público. ¿Qué fue lo que cambió? ¿Se aprende a sostener el grito o simplemente se convive con él?
R: Ni se aprende a sostener el grito, nadie se queda gritando para siempre, ni se convive con él. Se transforma. Del grito al eco, del eco al susurro.
- Vuelve una y otra vez la imagen del mar revuelto, del agua que te llega a la boca, de las vidas de gato que vas gastando. ¿Por qué el mar para hablar del dolor? ¿Sigue siendo hoy el mismo mar?
R: El mar es grande y poderoso y un mar enfurecido se parece al dolor dentro de la mente. Sin embargo, ahora, aunque siga sintiendo a veces ese mar enfurecido, la percepción es la danza del mar. Igual de poderosa o más, con ritmo, con música. Un movimiento uniforme si se mira el espacio del mar en su totalidad.
- Dices que nadie respondió a tus llamadas de auxilio, que solo volvía el eco, «porque ese dolor era solo mío». ¿Escribir nació de esa soledad, de no ser escuchada? ¿Sigue siendo la poesía ese interlocutor que entonces faltaba?
R:Yo creo que más bien esa soledad, sensación de no ser escuchada parte de algo anterior, no ser comprendida. La poesía sigue siendo ese interlocutor, por supuesto. Es el puente entre mi persona y el mundo exterior.
- Hablas de escribir «disociada», de una mente que corre más que tu mano, de salirte de ti misma. ¿Cómo es escribir desde ahí? ¿Da miedo o, al revés, es lo que te permite mirar el dolor sin que te arrastre?
R:Las primeras veces puede dar miedo, pero luego se aprende a manejar y es una forma de tomar distancia. La distancia me permite no estallar.
- De aquellos primeros poemas «como tortazos», tristes y burdos, a los de ahora, hay todo un aprendizaje. ¿Qué aprendiste por el camino para que el dolor dejara de salir «mostrando toda su cara»?
R: Precisamente como decía en la anterior pregunta, aprendí la distancia. Que el dolor no saliera mostrando toda su cara sino sacar yo el dolor escribiendo todas sus caras a mi ritmo, como sea necesario cada vez. Porque no siempre es igual, cada vez la emoción es diferente, el contexto, la circunstancia.
- Defines el susurro como la poesía ya hecha calma: musicalidad, ritmo, una voz suave que acaricia el oído. ¿Es ahí donde el dolor «cambia sin dejar de ser y enamora»? ¿Qué tiene que pasar para que una herida se vuelva belleza?
R:Sí, en el susurro el dolor cambia sin dejar de ser dolor y enamora, porque la poesía es bella, siempre incluso cuando es fea y siempre me enamora.
Para que una herida se vuelva belleza hay que tratarla con amor, hay que desinfectarla y curarla. Hay que mimarla.
- Dices que ya no usas tú la poesía, sino que ella te utiliza a ti: entra sin llamar y te enseña lo difícil de captar. ¿Cómo se llega a esa entrega? ¿Se puede buscar o llega sola?
R: En mi caso es mi propio funcionamiento. Una gran atención a todo, primero la percepción y después el poema.
Realmente no sé si se puede buscar. Yo no la busco, es algo que viene conmigo incluido. Es una forma de sentir o de percibir. Para mí la poesía está detrás de todas las cosas y no lo pienso con la mente exactamente, mi alma lo siente aunque por supuesto la mente participa y también el corazón. La poesía nace del kokoro.
- El texto termina con una imagen preciosa: la poesía como una gramola a la que echas cualquier emoción, «aunque muerda», y siempre te devuelve un verso donde acurrucarte. ¿Es eso lo que para ti significa salvarse: no que el dolor desaparezca, sino que siempre devuelva canción?
R: Salvarse es flotar en ese mar enfurecido sin tragar agua y eso es estar en la danza del mar después de haber visto la fuerte tormenta. Y sí, eso es una canción.
- «Eterno color de otoño» avanza por meses, de septiembre a diciembre, y se cierra con una hoja que se suelta y vuela «sin miedo de perderse». ¿Dirías que el libro entero es ese viaje del grito al susurro?
R:No siempre escribo desde el dolor, pero siempre que hay dolor existe ese viaje del grito al susurro. En Eterno color de otoño hay muchos poemas muy crudos. Muchos están en el mes de diciembre, porque diciembre está desnudo. Pero sí considero que ese viaje es un canon durante el libro.
- Hablas de tu obra como algo todavía en construcción. ¿Hacia dónde crece tu escritura ahora? ¿Hay un dolor nuevo, como la soledad de tu padre, que esté pidiendo su susurro?
R: Mi escritura se ramifica, creo que no crece de forma lineal. Me gusta descubrir, jugar, aprender, experimentar, pero en todos los libros soy yo, auténtica y reconocible.
- A alguien que está en su propio grito, atravesando una noche que no cesa, ¿qué le dirías sobre la poesía como tabla de salvación?
R: Esto pasará, pero la poesía no. La poesía siempre nos salva.









Yoanna .escribe poesía desde el corazón, con especial sensibilidad.Sabe transformar matices personales convirtiéndolos en bellos poemas .Es un don innato en ella ,que le augura un buen futuro en la poesía.Mis felicitaciones para Yoanna
Esto es una muestra de lo que es capaz un cuerpo y una mente fuertes!! Me ha gustado mucho la entrevista, refleja una personalidad luchadora, capaz de superar cualquier adversidad, ya que afrontar el dolor y convertirlo en poesía o reflejar con poesía el dolor, considero, es mucho mas que arte, es un poder casi divino que no todo el mundo tiene, ni siquiera muchos lo comprenden.
Animo Yoanna, sigue asi, llegarás lejos, siempre fuerte!!
Una entrevista maravillosa, Yoanna responde a las preguntas con una naturalidad tremenda. Me ha encantado la ultima pregunta, cuando decía que la poesía podía salvarte. Muchas gracias por el mensaje que nos has dejado a todos para el futuro de esta generación poética.
Estupenda descripción de sentimientos desvelando el significado de la poesía para ti.
A pesar de no ser aficionada a este género, la explicación que das es sencilla y perfectamente entendible para todo tipo de público.
Gracias Yoanna por acercarnos un poco a tu naturaleza poética.