Mi madre guardaba en el cajón de su mesita de noche un libro de autoayuda sobre el amor que nunca leía pero tampoco tiraba. Era de esos libros que se compran en los aeropuertos, con el título en letras doradas y una pareja en la portada mirándose como si nunca hubieran tenido que fregar los platos. Mimbres de Amor, de Antonio del Barrio Estremera, no se parece a ese libro en nada. Aunque también lo intenta explicar todo. Aunque también tiene estructura.
La diferencia es que Del Barrio no pretende venderte nada. Tiene casi setenta años y lo que hace es exactamente lo que dice: desmontar el amor en piezas para ver de qué está hecho. No hay truco. No hay solución mágica. Hay artesanía. Y hay alguien que ha tardado setenta años en entender que el amor es eso: algo que se hace con las manos y que hay que rehacer cada día.
Me quedé mirando los dibujos un buen rato antes de leer los poemas. El autor ha dibujado a lápiz cuadros famosos: Klimt, Renoir, Goya, Magritte, Chagall. Son bocetos rápidos, no reproducciones perfectas. Tienen esa imperfección de lo hecho a mano. Me gustó eso. Hay algo en ese gesto —no reproducir el cuadro sino intentarlo, a lápiz, desde cero— que dice más sobre la actitud del autor que muchos prólogos.
El libro tiene algo que no esperaba: una rabia muy suave. Del Barrio escribe para los que fracasaron en el amor y no saben por qué. No desde la superioridad de quien ya lo sabe todo, sino desde la solidaridad de quien también tropezó. Del Barrio no baja la voz. La calibra. Que no es lo mismo.
Hay poemas mejores y poemas más flojos, como en todo libro honesto. Los que más me han llegado son los que parecen haber costado más: los que tienen esa pequeña resistencia de las cosas que no se dicen fácil.
No sé si este libro va a llegar a mucha gente. Probablemente no. Pero hay libros que están ahí, esperando, para quien los encuentre. Este es uno de esos.
Gema Millán Nieto








