El pan que no se comenta
Mi madre tenía una teoría sobre el pan: que el bueno se reconocía porque no lo habías pensado. Ibas a por la barra, la partías sobre la mesa de la cocina, y se acababa antes de que nadie hubiera dicho nada. El que se discutía, el que se comentaba, era siempre el malo. Lo dijo una vez de pasada, con un trapo en la mano, y se me quedó pegado como una miga al jersey.
Pienso en esa teoría con Pan ácimo reparten, de Vicente Gallego, porque el título habla de un pan, precisamente, de uno sin levadura, el que se hace deprisa y no sube. Un pan que se reparte sin esperar. Pre-Textos lo ha publicado este año en su colección Poéticas, y esa colección es lo primero que conviene decir, porque cambia lo que uno espera. No he podido confirmar si el libro es un poemario o un libro sobre la poesía, un texto de poética. Por el catálogo en el que aparece, me inclino a lo segundo. Lo digo como inferencia, no como dato.
Lo que sí consta es lo que la editorial pone en la ficha. El libro propone, dice, una poesía de celebración frente a la tradición del siglo veinte, la de la crisis del yo, de lo real y del lenguaje. Una poesía entendida como una forma de sentirse acompañado por el mundo, de mirar con asombro. Y dos voces de prensa que la ficha recoge: Diego Doncel, en ABC, habla de la poesía como conciencia de celebración, y Juan Marqués, en El Mundo, cita a José Luis Martínez para decir que Gallego tiene una visión siempre entusiasta de la vida. No he encontrado más reseñas de esta edición. No hay premio asociado.
Me interesa la posición. Decir en 2026 que la poesía puede ser celebración tiene algo de provocación tranquila, porque llevamos un siglo, y bastante más, escuchando lo contrario: que después de tal o cual catástrofe escribir versos alegres es una frivolidad, que el yo se ha roto y que lo honesto es enseñar las costuras. Gallego, según la ficha, no discute esa herencia a gritos. Propone otra cosa, que es mirar con asombro. Aunque el asombro también se puede exagerar. Aunque también se puede convertir en una pose.
Ahí está mi duda, la que tengo antes de leer. El entusiasmo es difícil de escribir. Se escribe fatal casi siempre. Es más fácil sonar profundo desde la herida que desde la alegría, porque la herida tiene un repertorio establecido y la alegría hay que inventarla cada vez, y si te descuidas suena a taza de desayuno con mensaje. Que un poeta apueste por ella no me parece ingenuo. Me parece arriesgado. No sé si sale bien. Tendría que ver cómo se las arregla para no explicarla.
Hay una pregunta más práctica, que es a quién va dirigido un libro así. Una poética en clave de celebración puede ser un manual para poetas o una carta a lectores que han dejado de leer poesía porque les pareció siempre un gremio triste. La ficha no lo dice. Que esté en Poéticas y no en una colección de poemarios sugiere lo primero, pero ya he dicho que no lo sé.
Y luego está el título, que me gusta más que cualquier cosa de lo que dice la ficha. Pan ácimo reparten. Verbo en plural, sujeto sin nombre, como una frase de un refrán que se ha perdido el principio. Quién reparte, a quién. El pan ácimo es el de la prisa y el de la memoria: el que se come en una cena que acaba antes de que el pan haya subido, porque hay que salir. Es un pan de partida. Hay en ese título algo de celebración con la maleta hecha, y no sé si eso es lo que pretende el libro, pero es lo que me suena a mí.
Mi madre, creo, habría desconfiado de un libro que se presenta como celebración. Habría dicho que lo bueno no se anuncia. Pero también habría partido el pan sobre la mesa y lo habría repartido sin hablar, que es otra manera de celebrar. Pan ácimo reparten está ahí, en la colección Poéticas, esperando a que alguien le dé el primer mordisco. Yo todavía no sé a qué sabe.
— Gema Millán Nieto




