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«La tierra que pisas», de Honesto Herrera Soler: El haiku como geografía del alma

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«La tierra que pisas» no es solo una colección de métrica 5-7-5; es un ejercicio de fenomenología poética. Honesto Herrera Soler propone un diálogo entre la tradición japonesa del aware (la conmoción ante lo efímero) y la sobriedad del paisaje español (el Maestrazgo, Gredos o el Pirineo).

Lo más destacable es cómo el autor despoja al haiku de su exotismo para convertirlo en una herramienta de observación local. Mientras que el haiku clásico suele ser estático, Herrera Soler le imprime una vibración humana que recuerda a la «España profunda» de Machado, pero con la brevedad de Shiki. Al citar a Thoreau y Saint-Exupéry en su introducción, el autor establece que su poesía no busca la imitación formal, sino la universalidad del asombro.

El título es una declaración de intenciones: la tierra es el eje. El autor logra trasladar la «inmersión en el alma de las cosas» a elementos humildes: la arcilla, el hielo, los hierbajos secos. Existe una honestidad intelectual al admitir la influencia de lo cotidiano y lo doméstico, transitando con naturalidad entre el haiku purista y el senryu (más centrado en lo humano y lo irónico).

La inclusión de ilustraciones de Carmen Herrera Herrero y el uso de anotaciones marginales sugieren que el libro está concebido como un objeto artístico integral. El autor entiende que el haiku moderno en Occidente necesita un «puente» visual o contextual, sustituyendo el haiga tradicional por una estética editorial contemporánea que guía al lector sin asfixiar su interpretación.

El riesgo de cualquier poemario de haikus es la repetición temática. Sin embargo, Herrera Soler lo sortea dividiendo la obra por estaciones y temas humanos, lo que aporta un ritmo narrativo al conjunto.

«La tierra que pisas» es una obra de serenidad necesaria. En un mundo saturado de ruido, Herrera Soler nos obliga a mirar hacia abajo —a la tierra— para encontrar, paradójicamente, el cielo. Es un libro para lectores que buscan la «autoayuda» no en manuales, sino en la contemplación de una fila de hormigas o en el deshielo de un páramo.

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