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Sevilla en primavera. Crónicas desde mi salón, de Enrique Graciani Constante. El cajón de la mesita

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El cajón de la mesita

Mi abuela tenía en el cajón de su mesita de noche una fotografía de la Semana Santa de Sevilla que nunca supe de dónde había salido. No era de ningún familiar. Era de una procesión, con los nazarenos en fila y el paso detrás, la imagen desdibujada de esa manera en que se desdibujan las cosas que no debían salir en la fotografía pero salieron. La miraba de vez en cuando, la guardaba, y no hablaba de ella.

Me acordé de esa fotografía leyendo Sevilla en primavera. Crónicas desde mi salón, de Enrique Graciani Constante. No sé exactamente por qué. Tal vez porque el libro habla de Sevilla de la misma manera en que uno guarda cosas en un cajón: sin mucho orden, pero con cuidado.

Graciani Constante es un hombre mayor que escribe sobre la Semana Santa y la Feria de Abril desde su salón. Lo dice él mismo desde el principio, sin que le dé vergüenza: es mayor, muy mayor, y las procesiones las ve por la televisión porque las piernas ya no acompañan. Esta declaración inicial —que podría ser una disculpa— no lo es. Es una posición. Y la posición cambia la escritura.

Lo que uno espera de un libro así —o lo que una espera, porque una ha leído demasiados libros de hombres mayores que hablan de sus ciudades— es nostalgia administrada, esa cosa blanda que se mezcla con el dolor de espalda y el recuerdo de las tapas de antes. Este libro no tiene eso. Aunque también lo tiene. Aunque también hay en él una ternura hacia lo que fue que no es exactamente nostalgia porque no se lamenta: solo nombra.

El texto sobre la Madrugá es el mejor del libro y también el más extraño. Hay un momento en que el autor escribe sobre el azahar: en el suelo, en los árboles, en el aire. Y uno lo lee y de repente entiende por qué a algunas personas les importa una ciudad de una manera que no pueden explicar del todo. No es por los monumentos. Es por el olor de una noche concreta, y por saber que ese olor va a seguir existiendo cuando tú ya no estés para olerlo.

No sé si este libro va a llegar a mucha gente. Probablemente sí llegará a quienes conocen Sevilla. Y probablemente no llegará a quienes no la conocen y no tienen motivos para conocerla. Pero hay libros que no están escritos para todo el mundo. Están escritos para quien los encuentre en el momento exacto, en la tarde exacta, con las ganas exactas de sentarse y leer algo honesto sobre cómo vive la gente en los lugares que quiere.

Este es uno de esos libros. Lo cierro y lo dejo en la mesita. Para otro momento.

— Gema Millán Nieto

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