Soledad de banquetas, de Blanca Sarasua, publicada por Ediciones Vitruvio en 2026, es una obra que invita a reflexionar sobre la soledad, el envejecimiento y la necesidad de comunicación en una sociedad cada vez más individualista. A través de una historia aparentemente sencilla, la autora aborda cuestiones profundas que afectan especialmente a las personas mayores.
La protagonista, Ana, es una mujer que vive sola y contempla el mundo desde su casa, con el patio interior como principal ventana a la vida de los demás. Su rutina se transforma cuando comienza a hablar con un desconocido que permanece al otro lado de su puerta. Este encuentro insólito constituye el núcleo de una narración en la que la palabra se convierte en un refugio frente al aislamiento.
Uno de los mayores aciertos del libro es la creación de Ana, un personaje lleno de contradicciones, humor y vitalidad. Aunque se muestra desconfiada, orgullosa y aferrada a sus prejuicios, también revela una profunda necesidad de afecto. Su resistencia a abrir la puerta simboliza tanto el miedo a los peligros del exterior como las barreras emocionales que construimos para protegernos de nuevas decepciones. El hombre del descansillo, por su parte, comparte esa necesidad de ser escuchado, aunque tampoco logra desprenderse fácilmente de sus propias inseguridades.
La banqueta, elemento central y aparentemente insignificante, adquiere un importante valor simbólico. Representa la espera, la posibilidad del encuentro y la voluntad de permanecer junto a otra persona. La puerta separa físicamente a los protagonistas, pero también les permite establecer una relación basada en la conversación, la imaginación y la confianza progresiva.
Otro elemento destacado es el patio, que funciona como metáfora de la vida y del mundo interior de Ana. La ropa tendida, el viento y la lluvia adquieren voz y personalidad, reflejando sus estados de ánimo y su manera de interpretar la realidad. Este recurso aporta poesía y originalidad al relato, al tiempo que demuestra que incluso los detalles cotidianos pueden adquirir un significado especial cuando alguien aprende a observarlos.
El estilo de Sarasua combina ironía, humor, referencias literarias y reflexiones existenciales. Los diálogos son ágiles y, en ocasiones, absurdos, lo que proporciona ligereza a temas tan delicados como el abandono, la vejez o la pérdida de la memoria. Asimismo, las alusiones a poetas, músicos y películas enriquecen la narración y muestran cómo la cultura puede acompañar a quienes viven en soledad.
La abundancia de reflexiones y la repetición de determinadas ideas pueden ralentizar el ritmo narrativo. Además, algunos prejuicios expresados por Ana podrían haberse desarrollado con mayor profundidad para mostrar mejor su transformación personal. Pese a estas limitaciones, la novela ofrece una mirada humana y crítica sobre una sociedad que, con frecuencia, vuelve invisibles a las personas mayores. La experiencia del confinamiento por la COVID-19 refuerza esta reflexión y recuerda las consecuencias emocionales del aislamiento prolongado.
En definitiva, Soledad de banquetas es una obra sensible, irónica y profundamente humana que reivindica el valor de escuchar y ser escuchado. Blanca Sarasua nos recuerda que nunca es demasiado tarde para recuperar la ilusión, establecer nuevos vínculos y descubrir que, incluso detrás de una puerta cerrada, puede surgir una oportunidad para volver a vivir. Su mensaje final es sencillo, pero poderoso: a veces, para combatir la soledad, basta con que alguien esté dispuesto a escucharnos.








