POESÍA A LA INTEMPERIE
Herida propia, de Rosa Estremera, es un libro que se sitúa con firmeza en una tradición de poesía íntima y confesional, pero lo hace sin caer en el exhibicionismo emocional ni en la complacencia del desgarro fácil. Desde la colección Baños del Carmen, el texto parece dialogar con ese espacio simbólico: un lugar abierto, expuesto, donde el cuerpo y la memoria quedan a la intemperie.
La herida a la que alude el título no es solo dolor, sino conciencia. Estremera trabaja la herida como un lugar de conocimiento: se escribe desde lo roto, pero también desde lo asumido. Hay una voz poética que no pide consuelo ni absolución; observa, nombra y sostiene la experiencia con una contención que resulta uno de los mayores aciertos del libro.
El lenguaje es sobrio, preciso, a menudo cortante. No hay ornamento innecesario: cada imagen parece elegida por su capacidad de decir lo justo y no más. Esa economía expresiva refuerza la intensidad del texto, aunque en algunos tramos puede generar una sensación de aspereza sostenida que exige un lector atento y paciente. No es un libro que busque seducir de inmediato; pide tiempo y lectura lenta.
Temáticamente, el poemario gira en torno a la identidad, el cuerpo, la memoria emocional y la pérdida, pero evita los lugares comunes. La experiencia personal se convierte en materia poética sin diluirse en abstracciones: lo íntimo conserva su densidad y su peso. En ese sentido, Herida propia logra algo complejo: universalizar el dolor sin despojarlo de su singularidad.
Como posible límite, puede señalarse cierta uniformidad tonal. La coherencia del libro es indudable, pero esa misma cohesión puede provocar que algunos poemas se perciban más como variaciones que como rupturas internas. Sin embargo, esto también puede leerse como una decisión consciente: permanecer en la herida, no escapar de ella.
En conjunto, Herida propia es un poemario honesto, exigente y maduro, que apuesta por la verdad emocional antes que por el efectismo. Un libro que no grita, pero deja marca; que no busca cerrar la herida, sino entenderla. Ideal para lectores que valoran la poesía como espacio de reflexión y no como mero desahogo.








